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martes, 15 de noviembre de 2011

Primera Entrada de Diario de Emma


Lo que se suponía que iba a ser mi salvación para finalmente poder tener la aventura de mi vida, ha terminado siendo ¡todo un desastre! ¡Hay pero que angustia! Me he casado para poder salir de la granja de mi padre y mudarme a alguna bella ciudad o pueblo donde podría apreciar la arquitectura y los bellos vestidos. Mi deseo por esto era como un fuego ardiente. La vida con la cual soñaba tenía que comenzar el día de mi boda, y de allí en delante yo creía que todo sería como en las novelas que había leído durante mi niñez en el convento; paisajes hermosos, bailes, vestidos, romance y pasión. Pero al parecer nada es así. Mi sueño se ha extinguido como una estrella fugaz. Carlos no es nada de lo que yo esperaba – ni siquiera esta remotamente cerca. Yo deseaba un hombre atento, aventurero, apasionado y todo lo que he conseguido es alguien flojo, dependiente, flaco como un palillo, mediocre y ABURRIDO.
   

Sé que no es una mala persona, pero me molesta demasiado su conformismo con una vida tan monótona y rutinaria. Él simplemente es otra oveja en el rebaño. Hasta los pocos destellos de cariño que me demuestra me molestan, pues siempre son lo mismo y en el mismo tiempo. Por ejemplo, ayer por quinta vez seguida después de la cena me dio un beso. Fue tan mecánico y predecible que me dieron ganas de vomitar. Cada vez siento que la luz del alma se me va apagando más, pues no logro encontrar la felicidad. Trate de recordar las razones por las cuales me decidí casar con Carlos Bovary y llegue a la conclusión de que me case con él para salir de Les Bertaux y porque Carlos parecía un hombre cariñoso, y mi padre sentía agrado hacia él. Nunca había sentido ningún tipo de amor hacia él y mucho menos uno con pasión como el de Paris hacia Helena de Troya. Ese sí que era un verdadero hombre que provoco una guerra gigante de diez años por el amor que sentía hacia aquella mujer.


 
No es que odio a Carlos, pero su constante felicidad con una vida tan simple y fastidiosa me aturde. ¿Acaso soy una mala persona? No puedo comprender como encuentra placer en todo y casi siempre está encima de mí. Cuando me pongo a pintar, que es una de las pocas cosas que disfruto ahora en mi vida, se para detrás mío y me observa sin moverse. ¡Es tan estresante! Luego, en cualquier momento cuando tiene la oportunidad me abraza o me besa y tengo que alejarlo de mí. Además, también le gusta revisar mis cosas y tocarlas como si yo fuera una muñeca y esos fueran mis accesorios. ¡Realmente se ha vuelto un verdadero fastidio! Ya no encuentro lo que hacer, y siento que me estoy volviendo algo energúmena por causa de ello. Realmente estoy empezando a sufrir por esto, pues de vez en cuando me encuentro tan agobiada que es como si cargara un peso gigante en el corazón.  
  
   
Hoy en día lo único que tengo para hacer es remodelar y cuidar la casa, tocar el piano, pintar, encargarme de que le paguen a Carlos por sus consultas, y cuidar de él. Para mí esto no es suficiente, ni es lo que quiero para mi vida. En mi memoria aún permanece recuerdo de aquellas mujeres de la nobleza que iban a apoyar el convento y compartían algo de tiempo con nosotras. ¡Aquella perfección era realmente magnifica! Su clase y grandeza siempre me asombraron y eso es algo que he deseado tener desde entonces. Lamentablemente ese anhelo cada vez parece estar más lejos, pues mi esposo tiene muy poco dinero y su ambición no serviría ni para mantenerlo vivo. Al parecer soy como un ratón atrapado aspirando tener la vida de un corcel libre y salvaje.  Se suponía que en definitiva Carlos y yo seriamos como Zeus y Hera, casados y felices como dioses en el olimpo, pero resulta que la realidad ha terminado muy distante. No entiendo porque todas aquellas novelas que me leí de joven incluían ese amor con una pasión tan poderosa y ahora que me ha llegado el momento de vivirlo, no lo puedo encontrar. ¿Sera que el destino tiene otra cosa preparada para mí? Mientras tanto, no sé lo que voy a hacer…